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El regreso a casa

por Maribel Maseda

Estamos acostumbrados a introducir en nuestras conversaciones más o menos profundas y personales aseveraciones tipo: “es el ciclo de la vida”. Habitualmente se utiliza con un matiz de cierta resignación; como si describiera la existencia de algo invisible pero inexorable, presente en la vida de todo ser humano… y que de manera también inevitable, la manejara. Y ciertamente, es así. Lo es de manera inherente a su existencia.

Lo es, seguramente, como parte de ese plan desconocido para él; aunque lejos de los convencionalismos que la norma social requiere, lo reconozca familiar y cercano.

 

Durante la mitad de su vida, su energía vital le pertenece, y disfruta de ella exigiéndola esfuerzos por lograr sus objetivos; utilizándola para satisfacer su más que merecido derecho al placer de sentirse vivo con ella. Durante esa larga etapa, siente que el mundo avanza con él, y a veces, las más, junto a él, esperándole cuando se para a observar; o cuando decide perder un rato en insignificancias que no le reportarán ninguna utilidad. Ese término, el de utilidad, posee entonces un sentido que en la segunda etapa de su vida, al recordarlo, le hará sonreir irónicamente, moviendo la cabeza de un lado a otro.

Pero mientras, durante 30, 40, 50 años, quizás, sin darse cuenta, se siente útil trabajando, cuidando de hijos y familiares, estudiando, bailando, riendo con los amigos. Y es que ser útil, entonces, significa participar.

Y un buen día, siente que va a un ritmo mucho más lento que la vida. Así de simple se escribe su resumen. Así de escueta parece ser su vida de ahí en adelante. Pero las implicaciones van mucho más allá. Tristeza, sensación de estar desplazado, de ser invisible para un mundo que continúa, indiferente, su paso. Mientras él siente su tiempo efímero casi por primera vez, pues hasta entonces, el tiempo solo existía para la gente mayor, extraña, que encontraba a su paso.

Comienza a añorar aquello de lo que quería escapar cuando era joven: el arraigo. Se siente desconectado de gran parte de lo que le rodea; a veces siente su entorno ajeno a él; participar ya no le es tan fácil o automático como lo era antes.

Todos hemos visto o escuchado a alguien que sentía de este modo. Pasamos al lado de muchas otras personas que no nos lo contarán, o no se atreverán a hacerlo. Muchas que seguramente estén viviéndolo en soledad, o por que no sepan qué les está haciendo sentirse así, o quizás, el desencadenante haya sido un acontecimiento duro, como el de la pérdida de un ser querido.

Sea como sea, es como si paralizaran su vida. Y no saben como salir de ese estado bloqueante. Es como si lo que han vivido ya no sirviera de nada. Como si su momento actual estuviera arrancado de su historia. En ese estado, la vida que han vivido, carece de sentido. Al ser humano no le han enseñado a enfrentar su vida desde la perspectiva del tiempo agotable. Y hay que enseñarle a recordar de donde viene, para que el camino de vuelta a casa no le resulte un final de etapa frustrante y agotador.

Y esa es la idea por la que lucho desde hace muchos años. Y es la idea que intentaré transmitir en lo que he llamado Las Reuniones de Vida de Maribel Maseda. Creo en la magia que entraña la existencia. - En la dureza y hasta a veces crueldad que la objetividad de la vida no puede disfrazar. - En los detalles en apariencia insignificantes, los momentos sencillos y escuetos que pasan por nuestra intensa vida, que intentan avisarnos, acompañarnos, hacernos caer en la cuenta de que no estamos ni estaremos solos. Seguramente hemos sido de utilidad con un gesto, una palabra, una mirada, en la que hemos empleado apenas unos segundos, y que han sido para nosotros del todo irrelevantes, por lo cotidianos o carentes de esfuerzo. Sin intención de sanar, muchos lo han hecho y quizás nunca lo sepan. En tantos años de existencia, ¡pasamos por las vidas de tantas personas!. Y muchos de los pasos que se dan, han servido para consolar, o para ayudar a tomar decisiones, o para evitarlas. Cada paso que damos, deja una huella. Y quizás, como es mi caso, muchos recuerden a personas anónimas que pasaron por sus vidas e hicieron ese momento más llevadero.

Mis Reuniones de Vida serán reuniones para el recuerdo de tantas y tantas huellas que hemos dejado y han dejado a nuestro lado. Se sorprenderían de lo que este ejercicio puede hacerles descubrir.

...Una vez cuando era muy joven tuve un accidente de coche. El golpe me dejó tan aturdida que no conseguía recordar donde me encontraba, ni casi quien era yo. Cojeando y sangrando, me acerqué a una cabina, pero no recordaba el teléfono de emergencias. Era de madrugada, y la sensación de desprotección y aturdimiento me hacía sentir alarmantemente sola. Miraba a un lado y otro de la calle por la que pasaban coches y me sentía absolutamente desvalida en medio de una nada agresiva y peligrosa.

Entonces, de esa nada, apareció un hombre que barría la calle, que con voz dulce y muy tranquila, me dijo "tranquila, chica, yo estoy contigo, pronto vendrán a por ti." Yo le miré y le dije "no sé donde estoy, estoy sola...". Y él, siempre con esa voz dulce y serena me repitió "tranquila, yo estoy contigo, ya vienen a por ti" En ese momento, miré a la carretera, a donde él me señalaba, y ví que, efectivamente, venían a recogerme y a llevarme ya al hospital. Cuando volví la cabeza para agradecer al hombre su apoyo y compañía... ya no estaba. Desapareció por alguna parte.

Han pasado 20 años, y nunca olvidé el paso por mi vida de aquel hombre que no solo me brindó su apoyo y protección en un momento duro de mi vida, sino que me enseñó a tener esperanza; a apreciar y estar pendiente de las grandes experiencias que llegan a nuestras vidas envueltas en papel de periódico. Y nosotros las obviamos esperando que los grandes acontecimientos aparezcan en papel de oro.

Así convoqué la primera de mis Reuniones de Vida, para las personas que se sienten como describí antes y en una franja de edad entre 40 y 90 años ó más. Tendrá lugar en la Sala Prats del Hotel Tryp Alameda, en Avenida de Logroño 100. El día 13 de Diciembre, Domingo, a las 1030h.

Vamos a intentar recordar, entre todos, la magia de la vida que compartimos. Intentaremos descubrir todos esos hechos y personas que aparecieron en algún momento y que no les dimos la importancia debida. Regresar a casa siempre tiene que ser más fácil de lo que habitualmente lo hacemos. Es reencontrar nuestro punto de referencia para, a partir de él, reconocernos, identificarnos con lo que siempre fuimos y olvidamos.

En realidad, con el tiempo, comenzamos a añorarnos. Debemos recuperar la sensación acogedora y confortable que se tiene cuando esa senda se ha encontrado. No digo que sea fácil. Sólo digo que juntos, podemos hacerlo. Efectivamente, es el ciclo de la vida, aquel que une un tramo con otro. Aquel que une una vida con otra.

Maribel Maseda Virosta.

Madrid, Diciembre de 2009

 

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